La chispa que me encontró
El sol terminó de tragarse la última luz en el horizonte y la luna tomó el control de la noche. Arriba, las estrellas apenas parpadeaban mientras la fugacidad de algún destello me recordaba que, a millones de kilómetros de mi propia quietud, el universo seguía moviéndose. Mientras caminaba de vuelta a casa, repasaba la charla que había tenido con mi mejor amiga durante las clases. Ella había dicho una frase que se me quedó clavada como una cicatriz: Todos tienen su propio camino . Desde entonces, la incertidumbre de no entender a qué se refería me acompañó por cada calle , firme como un guardián incapaz de abandonar su puesto. Al llegar al cruce de la gran avenida, la luz roja del semáforo me detuvo. El bip del temporizador me retumbaba en los oídos y no pude evitar una mueca de molestia. Hundí la mano en el bolsillo, saqué el estuche de los audífonos y recé para que tuvieran batería. La barra de carga estaba llena. Me los puse a toda prisa y, en cuanto la melodía comenzó a devolverme ...