Vistazo al pasado
El aire helado soplaba con fuerza entre los enormes pinos del bosque. El sol apenas asomaba, y sus rayos atravesaban las ramas, dibujando destellos dorados sobre la nieve que coronaba la montaña al norte. Entre el murmullo del viento, se escuchaba el canto disperso de las aves, un contraste delicado que parecía capaz de apaciguar incluso a la bestia más poderosa. La calma del bosque se quebró con el ritmo firme de unas pisadas sobre la tierra húmeda. Un caballero avanzaba con la cabeza baja y los ojos grises perdidos en la penumbra; en su mejilla se marcaba una mancha de sangre ya seca. Cada paso resonaba como un recordatorio de que, pese al cansancio, seguía alerta. Sus manos sujetaban con fuerza una pesada espada dorada no solo como arma, sino como señal de vigilancia constante, mientras se dirigía hacia una lápida solitaria al final de una vereda. Al cruzar la entrada, el caballero se detuvo un instante y levantó la mirada: a...